La australiana Bronnie Ware trabajó con enfermos terminales. A partir de lo que vio y oyó, catalogó de este modo los cinco principales arrepentimientos de las personas moribundas:
1°) Me gustaría haber tenido la valentía de vivir una vida verdadera para mí, y no la que otros esperaban de mí.
Al atardecer de la vida podemos mirar hacia atrás y constatar cuántos sueños no se hicieron realidad. Porque no tuvimos la valentía de romper amarras, de romper grilletes, de imponernos disciplina, de abrazar lo que nos hacía felices, y no lo que mejora nuestra foto ante miradas ajenas.
Cambiamos la felicidad de la persona por el prestigio de la función. Y muchos se dan cuenta de que, en la vida, tomaron el camino equivocado cuando estaban llegando a la meta, sin tiempo ya para elegir alternativas.
2°) Me gustaría no haber trabajado tanto.
Éste es el arrepentimiento por no haber dedicado más tiempo a la familia, a los hijos, a los amigos. Tiempo para recrearse, meditar, practicar deportes. La vida, tan breve, fue consumida en el afán de ganar dinero y no de imprimirle la mejor calidad.
Y en este mundo de aparatos que nos mantienen conectados día y noche nos mantenemos permanentemente absortos; hacemos reuniones por celular hasta cuando manejamos el auto; peleamos con el ordenador como si él fuera un imán electrónico del que es imposible prescindir.
3°) Me gustaría haber tenido la oportunidad de expresar mis sentimientos.
¡Cuántas veces hablamos mal de la vida ajena y callamos los elogios! Postergamos para mañana, y luego para mañana… el momento de manifestar nuestro cariño a aquella persona, de reunir a los amigos para celebrar la amistad, para pedir perdón a quien hemos ofendido y para reparar injusticias. Enfermamos golpeados por resentimientos, amarguras, deseo de venganza.
Y para quedar bien con los demás dejamos de expresar lo que realmente sentimos y pensamos. Y poco a poco la termita del desencanto nos corroe por dentro.
4°) Me gustaría haber tenido más contacto con mis amigos.
Las amistades son raras. Pero además no siempre sabemos cultivarlas. Preferimos la compañía de quien nos da prestigio o facilita nuestro alpinismo social. Desdeñamos a los verdaderos amigos, a veces de condición inferior a la nuestra. Cuando alguien se encuentra en fase terminal, y más se necesita el afecto, ¿a quién llamar? Quien nos visita en el hospital, además de nuestros allegados por vínculos de sangre, y que muchas veces lo hacen por obligación, ¿no es por cariño? En la cultura neoliberal, los moribundos son descartables y la muerte un fracaso. Y no se desea la compañía de los fracasados…
5°) Me gustaría haber tenido la valentía de haberme dado el derecho de ser feliz.
Ser feliz es cuestión de elección. Pero vamos aplazando nuestras elecciones, como si fuéramos a vivir 300 ó 500 años… O esperamos que alguien o una determinada ocupación o promoción nos haga felices.
Como si nuestra felicidad estuviera siempre en el futuro, y no aquí y ahora, a nuestro alcance, siempre que nos atrevamos a pasar la página de nuestra existencia y nos decidamos a algo muy sencillo: hacer lo que nos gusta y disfrutar de lo que hacemos.
via:enpositivo

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